Sindicación de contenidos
Boletín electrónico
Contacto
Mapa web
Logo de FacebookLogo de Google +Logotipo Twitter
 
boton pinteres
Imprime ContenidoEnviar a un Amigo
 

${estadoCorreo}

 

Golf y Gastronomía - La Costa del Golf

 

Publicado en el libro, Mis mejores Escapadas de Golf y Gastronomía, que salió al mercado en 2006 y ganó el premio Gourmand World Cookbook Awards como la mejor guía de turismo del mundo de ese año.

Se llamaba La Costa del Sol, ahora es La Costa del Golf, de hecho ya hay hasta un periódico con ese nombre.

Es la mayor concentración de campos de golf del mundo.

Piensen que en la franja costera que une Málaga con Estepona, apenas ochenta kilómetros, hay nada menos que 38 campos de golf, varios de ellos con 27, 36 y hasta 45 hoyos, lo que supone 91 recorridos diferentes de 9 hoyos, que es lo que solemos jugar habitualmente. Dicho en otras palabras, que, a menos de media hora de coche, podríamos estar jugando mas de tres meses, sin descansar ni sábados ni domingos, cada día en un campo distinto y sin repetir un solo hoyo.

Semejante oferta no tiene comparación posible en el resto del planeta. Y estos datos son solo contando con la Costa del Sol, pero es que a tiro de piedra (con la nueva autovía de Los Barrios, de Estepona a Jerez, apenas hay una hora), hay otros veintitantos campos más (en Andalucía hay 75 campos que suman un total de 170 recorridos diferentes de 9 hoyos).

Pero esta es una publicación gastronómica y cuando hay que ensamblar Golf y Gastronomía, la cosa ya se tuerce, porque hay lugares, como Jerez, donde hay golf pero no gastronomía y otros, como Sanlúcar de Barrameda, donde hay gastronomía pero no Golf (se acaba de inaugurar un campo nuevo pero aun no está como para recomendarlo).

Bien es cierto que habrá quién esté dispuesto a jugar 18 hoyos en Montecastillo y después pegarse más de media hora de coche para regalarse con las tortillitas de camarones del Balbino y los langostinos o la ventrisca de atún a la plancha del Bigotes (del hotel a Sanlúcar hay treinta y tantos kilómetros pero que, contando con la circunvalación de Jerez y las obras de la futura autovía, a veces pueden durar más de una hora), pero yo solo recomiendo escapadas razonables y hacer ese camino de vuelta, con alguna que otra botellita de manzanilla en el cuerpo, no me parece sensato. Quizás, cuando acaben las obras de la circunvalación y autovía hasta Sanlúcar, podamos decir otra cosa, porque el campo de Montecastillo es realmente formidable y su hotel está muy bien (probablemente se reforme en breve).

Golfísticamente hablando, La Costa del Sol es una potencia mundial porque, de todos es sabido, que su clima permite jugar todo el año y que sus instalaciones hoteleras son prácticamente infinitas. De hecho hay miles de europeos que tienen ya su residencia en esta región para hacer del golf su principal actividad, y no solo jubilados, sino ejecutivos en activo que vuelan semanalmente a sus lugares de origen para cumplir con sus obligaciones laborales.

Pero esto es un concepto de vida, envidiable, por supuesto, pero que poco o nada tiene que ver con nuestras escapadas. Incluso hasta interfiere en ellas, porque esta gente, y lo digo sin menosprecio, acapara no pocos campos y, a los que vamos de fuera, nos resulta a veces complicado y muy desagradable tener que discutir con un master caddy que solo se ocupa de dar servicio a sus compatriotas ingleses o alemanes.

También la gastronomía tiene sus trabas por culpa de esta invasión.

Hay miles de comedores, pero la mayoría son comederos.

La cosmopolita oferta que nos deslumbra al llegar no es más que una fachada, luces de neón como en Las Vegas. En la mayoría de los establecimientos no hay cocina, apenas un chiscón donde un pobre inmigrante lucha veinte horas al día para sacar raciones de prefabricados con que atracar a los guiris que se contentan con cenar al aire libre y emborracharse de cerveza o sangría.

Les aseguro que, sin la inestimable colaboración de mi querido amigo Enrique Bellver, gran profesional y profundo conocedor de la plaza, nos hubiera sido imposible encontrar una sola aguja en este inmenso pajar, porque hasta los lugares de tapas están ya tan contaminados por los prefabricados, que hay que ser un experto para encontrar unos boquerones frescos o una simple pipirrana hecha con algo de gracia.

Al final, imagínense el drama, de los casi cien campos, muchos de ellos con hotel, Resort, Spa y todas esas maravillas, redujimos la oferta a tan solo cuatro escapadas que nos parecieron completas en todos sus aspectos de alojamiento, juego y cocina.  

Escrito por el (actualizado: 25/10/2013)