Berenjenas fritas
Está claro que tengo la cabeza frita, “Tête brulée”, que dicen los franchutes, porque ayer hice una montaña de crujientes berenjenas rebozadas y fritas, y, como daba por hecho que ya tendría la receta, pues ni les hice una foto. Gracias a Dios sobraron tres rodajas, así que, aunque estén un poco pachuchas, les hice esta foto que cuelgo para ilustrar la receta.
El gran problema de esta preparación es conseguir que no queden aceitosas y sí crujientes, una asignatura pendiente, a pesar de que mi otrora íntimo amigo Miquel Fabré las hiciese delante de mí con todo su arte y brillantes resultados.
En esta ocasión vi una de esas diez mil recetas que bailan por Internet, y me dije “Vete tú a saber, no pierdo nada por probar” e hice diana, porque es una tontería y quedan de vicio. El truco es cortarlas a mandolina, para que las lonchas sean de idéntico grosor, y luego sumergirlas media hora en cerveza. A partir de ahí se sacan, se rebozan en harina, huevo y a la sartén con el aceite humeante. Divinas.
A mí me gustan tanto que me las como a pelo, con una copa de Champagne, y a volar,pero en realidad son una guarnición magnífica, tanto con platos tradicionales, como exóticos de cocina árabe.
Elaboración
En realidad ya he dado la receta en la entradilla, porque, salvo el espolvorearlas de comino, pimienta y sal, justo antes del rebozado, ya está todo dicho.
Cortamos las berenjenas a mandolina para que las lonchas sean de idéntico grosor, y luego las sumergimos media hora en cerveza.
Se sacan, se aderezan como he dicho y se rebozan en harina y huevo, y a la sartén con el aceite humeante.
Se deben freír en tandas para que no se peguen y no hagan abatimiento de temperatura del AOVE, luego se sacan a papel absorbente y se sirven tal cual o en una elegante bandeja de plata, con su blonda y todo.