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Patatas nuevas

Papas negras canarias, lo más parecido a aquellas primitivas
 
Papas negras canarias, lo más parecido a aquellas primitivas
Diario El Comercio año 1997.
 

La última vez que escribí un articulo sobre la patata, fue hace poco mas de cuatro años en el suplemento de gastronomía de El Progreso de Lugo y guardo un entrañable recuerdo de aquel trabajo porque fue la única vez que un lector se dignó en escribirme una carta opinando sobre los datos publicados.

Eso sí, me ponía a parir porque afirmaba que las primeras patatas que llegaron a España las había traido un abuelo suyo desde Cuba y plantado en su huerto de Villalba, tradición que él mantenía desde entonces y que había dado lugar a la denominación de origen de “Pataca galega”.

Así que como ayer fue mi cumpleaños, pues quizás algún otro lector me haga feliz el mes escribiéndome una cartita, aunque sea para llamarme analfabeto al demostrarme públicamente como en realidad fue su tío Jenaro quien trajo estos tubérculos desde Perú hasta Pola de Siero, porque les aseguro que no hay nada mas triste y solitario que la profesión de escritor.
Somos como las patatas viudas, que sufren su soledad sin haber llegado a conocer varón, mientras que otros oficios como el modelo, son tan elogiados como las patatas a la importancia, que sin merecer tan pomposo calificativo, acaparan la atención de los clientes de comedor de moda cuando en realidad no tienen ningún misterio.

Pero veamos lo que nos cuenta la historia que, casi a ciencia cierta, será mentira, porque estos libros de texto en España solo dicen verdad al citar el nombre de la editorial y el precio en la contraportada.

A comienzos de la primavera austral de 1531, un pendenciero espadachín trujillano llamado Francisco Pizarro entró a sangre y fuego en un misterioso país llamado Sur de Panamá, hoy Perú, y tras secuestrar al indio Atahualpa y cargarse a su hermano Huascar, empezó a preguntarse como podían sobrevivir aquellos pobres hombrecillos en unos parajes donde solo había piedras.
Descubrió que el misterio radicaba en unos arrugados tuberculos parecidos a las trufas de su Extremadura natal, y mandó la prueba a los científicos del imperio.

Un documento fechado en 1604 por el cardenal Jerónimo del Hoyo narraba en las memorias del Arzobispado de Santiago de Compostela como años atrás, en 1576, el Arzobispo D. Francisco Blanco hizo plantar estas papas en el monasterio de Herbón, en Padrón, pero sin resultados positivos ya eran comida basta.

Menuda vista comercial que tenían aquellos clérigos, si levantasen la cabeza y vieran lo que la cadena Mc Donalds recauda cada año en el mundo vendiendo patatas fritas para que los quinceañeros las mojen en mostaza y ketchup, seguro que se pasaban al otro bando.

A Richelieu tampoco le gustaron, y por lo tanto volvió a meter la pata hasta la ingle como sus colegas gallegos.
En realidad fueron las hambrunas de las distintas guerras quienes descubrieron la patata en Europa.

Los franceses dicen que fue Parmentier quien inventó la patata para dar de comer a las tropas napoleónicas, pero en España la crisis cerealera de 1769 ya hizo que muchos agricultores almorzasen con este hoy preciado manjar.

Un documento de diezmos del monasterio de San Martin de Mondoñedo fechado en 1771 dice: “...no tienen estimación, ni personas de conveniencia las gastaron para para su alimento sino para la ceba de puercos”.

Ya ven que la visión comercial de nuestro clero se mantuvo imperterrita en defensa del desarrollo de nuestra economía, menos mal que medio siglo después llegó la desamortización de Mendizabal y gracias él hoy podemos disfrutar de deliciosas patatas rellenas como las que prepara Alvaro en Casa Consuelo.

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Escrito por el (actualizado: 09/08/2015)